DOS
AMIGOS FRENTE A
UN CUADRO
Por
Manuel Pout
Juan
Pablo, después de
mirar detenidamente la abstracta pintura, le
preguntó a Manuel:
- Decíme,
máquina, qué
es el arte en el fondo?
Manuel
le sonrió,
contestándole:
- Che, yo
veo el arte como un
mágico momento de tregua en la guerra
del pensamiento...
Juan
Pablo,
mirándolo, dijo:
-
Mirá vos, mirá
vos...
Y
luego replicó:
- Yo
lo veo más bien
como una guerra...
- Cómo
así?
Gesticulando
con las manos,
Juan Pablo dijo:
-
Bueno, cuando el artista
crea su obra, se encuentra en constante ebullición de
pensamientos e impulsos,
todo en es una guerra entre lo que es y lo que él quiere
crear: una belicoso
paso de la materia a la forma.
- Completamente
de
acuerdo - dijo Manuel
- Pero a lo que yo
me refería, estimado Juan Pablo, es a la
contemplación del arte, a
ese fenómeno que se produce cuando todo nos parece
equilibrado y hermoso en
algo, a ese fenómeno que libera nuestras mentes
observantes de todos los
mundanos conflictos y nos deja flotando en el
deleite
contemplativo...
- Sólo en
lo
equilibrado y hermoso existe el arte,
entonces?- Preguntó Juan
Pablo, con cara de no estar muy de acuerdo.
- No,
no se trata de
eso exáctamente - dijo Manuel, acercándose un
poco más a la pintura- Cuando
digo, hermoso, equilibrado, no me refiero
necesariamente al uso
convencional de estos tériminos. Para mí
un cuadro cubista o una tragedia
griega pueden perfectamente ser hermosos, si logran establecer
el
equilibrio de formas necesario para despertar en
mí la
fascinación.
-
Y qué tipo de equilibrio
es ese? Uno no matemático, supongo...
-
Exacto. No se trata de
dos para acá y dos para allá. Los equilibrios que
encuentra el espíritu
no siempre son los que propone la razón.
Luego
de un breve silencio,
continuó Juan Pablo, dando con gracia un
espontáneo paso de salsa:
- De todo
lo
que has dicho, se desprende que, la danza, el baile,
también son
formas del arte " como un encontrado
equilibrio", " un mágico momento de
tregua , de
goce..."- Y aún más, me
atrevería a decir que la danza y el
baile unifican la antagónica
dicotomía creada por los puntos de
vista del creador y el observador, ya que estos dos se funden en uno
sólo: EL
BAILARÍN!!
Manuel
celebró la ingeniosa
conclusión de su amigo, mientras este volvía a
mover las piernas al
compás del contagioso ritmo
caribeño.